¿QUÉ DICEN LOS ESCRITORES?

 

  • Vicente Huidobro. (El creacionismo)
  • Mario vargas Llosa. (La novela)
  • Gabriela Mistral. (El artista)
  • Horacio Quiroga. (El cuento)
  • Augusto Monterroso. (El cuento)
  • Alfonso Plou (Dramaturgia)
  • Mariano Sánchez. (La novela negra)
  • Miquel Barceló. (Ciencia ficción)

SOBRE EL CREACIONISMO

 

Os diré qué entiendo por poema creado. Es un poema en el que cada parte constitutiva, y todo el conjunto, muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado de cualquiera otra realidad que no sea la propia, pues toma su puesto en el mundo como un fenómeno singular, aparte y distinto de los demás fenómenos. 

 Dicho poema es algo que no puede existir sino en la cabeza del poeta. Y no es hermoso porque recuerde algo, no es hermoso porque nos recuerde cosas vistas, a su vez hermosas, ni porque des criba hermosas cosas que podamos llegar a ver. Es hermoso en si y no admite términos de comparación. Y tampoco puede concebírselo fuera del libro. 

   Nada se le parece en el mundo externo; hace real lo que no existe, es decir, se hace realidad a sí mismo. Crea lo maravilloso y le da vida propia. Crea situaciones extraordinarias que jamás podrán existir en el mundo objetivo, por lo que habrán de existir en el poema para que existan en alguna parte. 

Cuando escribo: "El pájaro anida en el arco iris", os presento un hecho nuevo, algo que jamás habéis visto, que jamás veréis, y que sin embargo os gustaría mucho ver. 

   Un poeta debe decir aquellas cosas que nunca se dirían sin él. 
   Los poemas creados adquieren proporciones cosmogónicas; os dan a cada instante el verdadero sublime, este sublime del que los textos nos presentan ejemplos tan poco convincentes. Y no se trata del sublime excitante y grandioso, sino de un sublime sin pretensión, sin terror, que no desea agobiar ni aplastar al lector: un sublime de bolsillo.    El poema creacionista se compone de imágenes creadas, de situaciones creadas, de conceptos creados; no escatima ningún elemento de la poesía tradicional, salvo que en él dichos elementos son íntegramente inventados, sin preocuparse, en absoluto de la realidad ni de la veracidad anteriores al acto de realización.    Así, cuando escribo:

El océano se deshace Agitado por el viento de los pescadores que silban , presento una descripción creada; cuando digo: "Los lingotes de la tempestad", os presento una imagen pura creada, y cuando os digo: "Ella era tan hermosa que no podía hablar," o bien: "La noche está de sombrero," os presento un concepto creado. 

 

Vicente Huidobro.

 

 

SOBRE LA NOVELA
  1. Sólo quien entra en literatura como se entra en religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un escritor y escribir una obra que lo trascienda.
  2. No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción.
  3. La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio.
  4. En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no existe en el dominio literario.
  5. La ficción es, por definición, una impostura -una realidad que no es y sin embargo finge serlo- y toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de unas técnicas de ilusionismo y prestidigitación semejantes a las de los magos de los circos o teatros.
  6. En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas.
  7. El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance el éxito: las listas de bestsellers están llenas de muy malos novelistas).
  8. La mala novela que carece de poder de persuasión, o lo tiene muy débil, no nos convence de la verdad de la mentira que nos cuenta.
  9. La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquella incoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir.
  10. La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético.
  11. La literatura es puro artificio, pero la gran literatura consigue disimularlo y la mediocre lo delata.
  12. Para contar por escrito una historia, todo novelista inventa a un narrador, su representante o plenipotenciario en la ficción, él mismo una ficción, pues, como los otros personajes a los que va a contar, está hecho de palabras y sólo vive por y para esa novela.
  13. El de las novelas es un tiempo construido a partir del tiempo psicológico, no del cronológico, un tiempo subjetivo al que la artesanía del novelista da apariencia de objetividad, consiguiendo de este modo que su novela tome distancia y diferencie del mundo real.
  14. Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son esencialmente autónomos, diferentes uno de otro, y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela.
  15. Si un novelista, a la hora de contar una historia, no se impone ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos datos), la historia que cuenta no tendría principio ni fin.

Mario Vargas Llosa.

 

SOBRE EL ARTISTA

 

I
Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.

II
No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza.

III
No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.

IV
No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino.

V
No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella.

VI
Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero.

VII
Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres.

VIII
Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón.

IX
No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista.

X
De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza.


Gabriela Mistral.

 

SOBRE EL CUENTO

  1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
  2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
  3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
  4. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
  5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
  6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
  7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
  8. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
  9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino
  10. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

 

Horacio Quiroga.

SOBRE EL ESCRITOR

 

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

 

Augusto Monterroso.

 

SOBRE LA DRAMATURGIA

 

.- Uno escribe lo que puede no lo que quiere.

 

Escribir teatro es describir la distancia que hay entre el deseo y la realidad; y esa misma distancia entre expectativas y concreciones se produce no sólo en la definición de la trama o la historia sino también entre la obra ideal que tenemos en la cabeza y la que finalmente escribimos.  

 

2.- La mejor versión de una obra de teatro es la que sube al escenario.

 

El teatro es arte colectivo, la literatura dramática puede serlo o no. Podemos dedicarnos al teatro como género y guardarlo en un cajón o verterlo meramente como material escrito en libros o lanzado en internet. Pero si queremos realmente ser autores de teatro debemos asumir y apreciar que el teatro es la suma de muchas voluntades y creatividades puestas en juego

 

3.- Poner a Aristóteles sobre un pedestal para derribarlo luego.

 

Todos los manuales prácticos de escritura teatral, todos los cursos y los consejos para aprender dramaturgia, incluidos los que ahora mismo estoy escribiendo están contenidos en uno: la Poética de Aristóteles.  Su mandamiento básico es que una obra debe ser el desarrollo de una acción entera de cierta magnitud que determine al protagonista no por lo que dice ser sino por lo que hace y que le conduzca dicha acción a una cierta revelación.

 

En numerosas de mis obras no he respetado los principios aristotélicos, pero lo he hecho con plena conciencia de ello. Sabiendo que me rebelaba al hacerlo con la omnisciencia ética del autor y con la necesidad de todo ser humano de buscar un sentido a la existencia.  

 

4.- No esforzarse en ser moderno. No se puede evitar.

 

 Las influencias son inevitables. La intertextualidad forma parte del proceso de escritura mismo. Al escribir teatro estamos no sólo rescribiendo toda la historia del teatro sino rescribiendo también el inconsciente colectivo. La originalidad de la historia, de los personajes y de las estructuras fabulares no forma parte del motor esencial en la escritura teatral. Ni Sófocles ni Shakespeare ni Brecht ni Lorca… se inventaron la gran mayoría de las historias o los personajes de sus obras; pero si consiguieron que en la profundidad de sus diálogos y de lo que allí acontecía descubriéramos una parte de la definición del ser humano que antes no había sido definida. Lo importante no es qué sucede sino cómo sucede lo que sucede.

 

5.- No esforzarse en hablar de uno mismo. Uno siempre lo hace.

 

En la escritura teatral uno no puede aparecer sino a través de la voz del otro y lo mejor es que el otro hable por sí mismo y no con la voz de uno.   Al mayor dramaturgo de la historia, Shakespeare, se le niega la identidad constantemente y, en cierto sentido la mejor identidad del autor es la ausente.  

 

6.- Buscar al héroe en las esquinas de la historia.

 

El teatro sigue siendo un arte figurativo. Es decir, el teatro sigue teniendo al hombre como eje de su creación. No creo en un teatro abstracto, conceptual… deshumanizado. Pero la deshumanización del hombre contemporáneo debe ser tratada por el teatro. En todo caso, el teatro sigue escribiéndose a través de sus personajes.  Hay que seguir buscando los héroes en las esquinas de la historia, que por lo menos hagan de esa renuncia un ejercicio de dignidad contra el destino.

 

7.- En la forma está el fondo.

 

Si en el principio de toda función de teatro está la historia a vivir por el personaje, la manera de contar y vivir esa historia debe partir de un diálogo con la misma.   La forma debe responder a la historia como la historia responde a los personajes y estos a la acción dramática.  

 

8.- Dialogar en el límite de lo decible.

 

El diálogo teatral debe estar en el filo de lo indecible. No se habla como se habla en la calle porque no hablamos en la calle sino en la escena, que es ese espacio que nos hemos inventado para decir lo que no podemos decir y vivir lo que nunca hemos vivido. Al dialogar la escritura teatral se parece más a un ejercicio poético que a uno narrativo porque no contamos lo que sucede sino que vivimos a través de los personajes su realidad íntima, más sintética y profunda de la que jamás pudiéramos vivir fuera del escenario. En una obra de una hora solemos sintetizar la experiencia vital de un personaje en casi un siglo.  

 

9.- La publicación no es sino un trámite.

 

El objetivo del teatro no está en el libro. El libro es en todo caso la botella con mensaje, en espera que una tribu de salvajes la encuentre, haga suyo su contenido y decida celebrarlo poniendo en práctica los imposibles signos del rito. En todo caso el libro es una excusa más para la revisión y la reescritura

 

10.- Quemar las naves y reinventarse siempre.

 

Si escribimos teatro es porque estamos descontentos con la realidad exterior y decidimos reinventarla como realidad interior, una realidad nueva en la que nos embarcamos dispuestos a quemar las naves una vez que llegamos a destino.  .

 

11.- Shakespeare, ese tipejo.

 

Si no sabes que escribir o estás atrancado o necesitas renovar las ganas de escribir teatro vuelve a Shakespeare. Si la Poética de Aristóteles es la biblia teórica las Obras Completas de William Shakespeare son la biblia práctica. Todo está allí, desde lo más arcaico a lo más contemporáneo, de la tragedia al divertimento, de la convención a la renovación constante, del grito al silencio

 

12.- Persistir en el error como autor junto con los personajes.

 

Al escribir una obra de teatro debemos partir de un error: es el error del protagonista que debe ir pagándolo a lo largo de la obra porque se niega a reconocer que ese error sea tal y que forme parte de su naturaleza el no reconocerlo. La historia de una obra de teatro es la historia de un error, de cómo es negado, de cómo quiere ser obviado, de cómo ese error moviliza al mundo contra el personaje.  Las peripecias de la historia no son sino las múltiples vidas del error, su crecimiento como bola de nieve que se desliza ladera abajo. La consecuencia final de la obra, aristotélicamente hablando, es el reconocimiento por parte personaje del error cometido y negado. Su consecuencia es el acto catártico que da pago al error, que no lo niega pero lo redime.  

 

13.- Escoger entre lo malo y lo peor.

 

Una obra de teatro es también la historia de una decisión. El protagonista debe escoger entre lo malo y lo peor.  Esto provoca una cadena de peripecias trágicas o cómicas (que no son sino las dos perspectivas de una misma historia) o tragicómicas (que es una posición muy clásica y muy posmoderna). En las historias dramáticas, como en la vida con las leyes de Murphy, debemos suponer que si algo va mal seguro que puede empeorar y lo hará. Si el protagonista se empeña en su error es porque desea algo que no está en su mano pero a lo que no quiere renunciar. Los seres humanos hacemos malos pactos entre el deseo y la realidad porque si conseguimos lo que queremos nos desilusionamos, si no lo conseguimos y nos empeñamos en ello nos complicamos la existencia haciendo cosas que nos pervierten y en realidad nos alejan más de nuestros deseos originarios, y si renunciamos a nuestros deseos renunciamos a nuestra calidad de seres humanos muriéndonos un poco más por dentro. Esta imposible ecuación es el motor de todo proyecto dramatúrgico.  

 

  

14.- Uno más entre muchos o el proceso colectivo.

 

Volvamos a insistir en el carácter colectivo del teatro. Que es su naturaleza tanto en el proceso (en su construcción) como en el destino (en su exhibición frente al público) y que por tanto lo debe ser en su origen (la definición del proyecto y la escritura del texto). Eso no es óbice, claro está, para que el momento de la escritura sea momento de una gran privacidad. Pero al escribir somos muchos porque escribimos con nuestros personajes, para escribir es importante hacer un gran silencio. Sólo en el silencio podemos oír a los fantasmas de uno mismo, que son los personajes a los que damos voz y a los que prestamos oído.

 

 

 

15.- Escuchar el aullido social filtrado por la trama de los sueños.

 

Viene a decir David Mamet que cuando el teatro funciona socialmente es porque el escritor ha sabido ser la conciencia crítica de una nación. Donde él dice nación yo prefiero decir colectividad, comunidad, ciudadanía… Decía Jung que el teatro era un lugar ideal para la exhibición pública de los complejos, un lugar para hacer visible el inconsciente colectivo. A mí me gusta pensar que los seres humanos somos esencialmente literatura, somos las historias que nos contamos a nosotros mismos de nosotros mismos y de los demás. Para ello no hace falta escribir, basta con que otros nos cuenten sus historias o con que nosotros contemos las historias que sabemos de otros. Lo hacemos constante e imparablemente. Somos una obra de teatro, una novela, un poema en perpetua escritura. Cuando pensamos que nos dirigimos hacia un determinado fin dramatúrgico nos detenemos, nos desviamos y empezamos a contar otro tipo de historia.  

 

 

Alfonso Plou

 

 

 

SOBRE LA NOVELA NEGRA


1. La búsqueda de la verdad. Si el objetivo de cualquier aventura, de cualquier creación artística, es la búsqueda de la verdad (y si no, que se lo pregunten a Alonso Quijano), la novela negra es la expresión más nítida de esta indagación literaria. Su objeto narrativo nace de la necesidad de desvelar un hecho oculto/misterioso que nos mantiene sobre ascuas. A través de sus páginas, el autor se propone, además, desentrañar el impulso escondido que mueve a los personajes y que justifica la existencia del relato desde el principio al fin.

 

2. La intriga: del quién al cómo. Una novela negra debe escribirse con esa voluntad de intriga, de revelación; cada capítulo, cada página, tiene que conducir al lector hasta la conclusión final sin concederle el más mínimo respiro. Sin embargo, a diferencia de la novela rompecabezas clásica (Christie, Conan Doyle...), que cimentó la gloria de la novela policíaca desde los inicios de la era industrial, en la novela negra escrita a partir de Hammett, con la corriente hard-boiled(duro y en ebullición), tanto o más importante que saber quién o quiénes cometieron un hecho criminal es descubrir cómo se llega hasta la conclusión. Ahí está Cosecha roja, del gran Dashiell, cualquiera de las novelas de Chandler o el Chester Himes de Un ciego con una pistola como ejemplos del cómo. También es importante el por qué, aunque su respuesta puede resultar secundaria en una sociedad como la nuestra, en la que, como todo el mundo sabe, es más rentable fundar un banco que atracarlo.

 

3. La acción esencial. Si en la definición clásica de Stendhal «una novela es un espejo a lo largo de un camino», la novela negra es una narración itinerante que describe ambientes y personajes variopintos mientras se persigue el fin, la investigación, la búsqueda. La acción manda sobre los monólogos interiores, y la prosa, cargada de verbos de movimiento, se hace imagen dinámica y emocionante. Es un camino urbano, ajeno a las miradas primarias y a las mentes bienpensantes, donde la creación de personajes y la descripción de ambientes resulta fundamental y exige al autor una planificación previa a la escritura. Aquí radica uno de los rasgos esenciales de la novela negra, que la convierte, de este modo, en novela urbana, social y realista por antonomasia.

 

4. El argumento. Veamos: aventura indagatoria, intriga, realismo, crítica social, espejo en movimiento... Sin embargo, como diría Oscar Wilde, para escribir una novela (negra) sólo se precisan dos condiciones: tener una historia (criminal) que contar y contarla bien. ¿Y qué debemos hacer para conseguirlo? Antes de empezar a escribir, es preciso tener un argumento desarrollado, una trama en ciernes, un esquema básico de la acción por la que vamos a transitar. Saber qué historia queremos contar: su tema central. Después, al correr de las páginas, los acontecimiento marcarán sus propios caminos, a veces imprevisibles, pero el autor siempre sabrá hacia dónde dirige su relato. Un buen mapa ayuda a no perderse.

 

5. Lo accesorio no existe. La voluntad de contar una historia y atrapar con ella al lector permite pocas florituras y ningún titubeo. Toda la narración ha de estar en función de la historia que pretendemos escribir. Si leemos 1280 almas, de Jim Thompson, por ejemplo, descubrimos que el novelista escribió una historia exacta, ajustada, sin ningún pasaje prescindible. No en vano, es una obra maestra de la narrativa moderna. Es cierto: una novela criminal puede contener todo tipo de elementos disgregadores de la trama, divagaciones caprichosas, puede cambiar de espejo a lo largo del camino; pero entonces no nos encontraremos ante una novela negra, aunque se mueva alrededor de la resolución de un crimen o se describa un proceso judicial. En la novela negra, como en la poesía, lo accesorio no existe. Un poema puede ser bellísimo, pero si quiere llamarse soneto tendrá que escribirse, como mínimo, en endecasílabos. Es una regla fundamental del juego. Lo mismo ocurre con la novela negra: hay que elaborarla en función de unas reglas (que aquí estoy disparando a quemarropa) aceptadas a priori por el autor. Y para que sea buena literatura, hay que escribirla bien.


6. La construcción de los personajes. Cuestión clave: antes de comenzar a escribir, conviene saberlo todo sobre ellos. Su pasado, su psicología, su visión del mundo y de la vida... Si conocemos a los personajes principales (y muy especialmente al narrador o conductor de la historia, si es uno), el relato discurrirá fácilmente, se deslizará a través de las páginas como el jabón sobre una superficie de mármol y el lector no podrá abandonar el libro hasta el párrafo final. Para ello se aconseja realizar una biografía resumida de los personajes principales, como si se tratara de una ficha policial o un currículum para obtener trabajos basura, dos instrumentos de la vida real muy útiles en la creación literaria.


7. La fuerza de los diálogos. Cuando hablan, los personajes deben utilizar la jerga precisa, sin abusar, con palabras claves, pero sin caer en un lenguaje incomprensible y cambiante. Vale la pena utilizar de manera comedida palabras profesionales. Por ejemplo, si habla un policía, cuando vigila a un sospechoso está marcándole; un confidente es un confite; cuando matan a alguien, le dan matarile... Cada diálogo cuenta una historia, y muchos personajes que desfilan por la novela negra se muestran a sí mismos a través de sus palabras. El diálogo es un vehículo para mostrar su psicología y sus fantasmas. Un ejemplo clásico: Marlowe, en El sueño eterno, se disculpa ante la secretaria de Brody, a la que ha golpeado:


-¿Le he hecho daño en la cabeza? -pregunta el detective.

-Usted y todos los hombres con los que me he tropezado -contesta la mujer.


8. Documentarse para ser verosímil. Para que el lector se crea el relato que se está contando, el autor debe documentarse con el objetivo de no caer en mimetismos fáciles (especialmente cinematográficos). Por ejemplo, en España los jueces no usan el mazo, como los anglosajones, sino una campanita; los detectives españoles no investigan casos de homicidio ni llevan pistola (salvo rarísimas excepciones). Hay que conocer las cuestiones de procedimiento, no para convertir la novela en un manual, sino para no caer en errores de bulto. La verosimilitud lo exige para que el lector se crea nuestra historia. Hay que saber de qué se está hablando. Por ejemplo, de qué marca y calibre es la pistola reglamentaria de la policía española, ¿una pistola es lo mismo que un revólver?, cómo se realiza en España un levantamiento de cadáver..., y tantas otras dudas que surgen a lo largo de la acción.


9. El mundo del crimen. Si la trama que mueve una novela negra ha de ser creíble, los métodos del crimen también. La conclusión de un hecho criminal ha de llegar por los caminos de la razón. En el siglo XXI, los enigmas rocambolescos, los venenos exóticos y las conspiraciones insólitas han sido reemplazados por la corrupción institucional, las mafias, los delitos económicos vestidos de ingeniería financiera o el crimen de Estado. Vivimos en una era post-industrial donde la novela negra es un testigo descarnado de las cloacas que mueven el mundo, más allá del agente moralizador de la burguesía que campaba en las páginas de las novelas-enigma tradicionales. Los tiempos han cambiado y no hay retorno posible. El realismo y la denuncia imponen su rostro literario. Los mejores personajes de la novela negra actual son malas personas, pero, como diría Orwell, algunas son más malas que otras.


Y 10. Advertencia final: nada de trucos. Poe, en "El doble crimen de la calle Morge", inauguró el género policíaco y el género negro posterior al crack de 1929, porque, al escribir esta historia, planteó al lector el juego de descubrir una verdad, en apariencia sobrenatural, con las armas de la razón, a través de una investigación detectivesca. Esa voluntad del novelista, esta complicidad con el lector, exige al escritor no hacer trampas en la construcción de sus historias criminales y plantea, al mismo tiempo, una relación privilegiada con el receptor de sus novelas. Divertir, entretener, emocionar, escribir para ser leído... ¿No es este el objetivo de la Literatura? Hay que jugar limpio con el lector. ¡Las manos quietas o disparo! Para freír un huevo, es preciso romper la cáscara. Siempre.

 

Mariano Sánchez Soler.

SOBRE LA CIENCIA FICCIÓN

 

Se puede interesar al lector describiendo un entorno nuevo y sorprendente: una sociedad nueva, una tecnología diferente, unos seres extraños, unas costumbres distintas, etc.  

 

Otra posibilidad es interesar al lector con los personajes. Pueden ser atractivos o repulsivos pero, en cualquier caso, no deben dejar indiferente al lector.   A menudo los lectores se identifican con uno de los personajes y éste es el sistema más viejo y seguro para mantener la atención del lector. Eso sí, los personajes deben reaccionar como lo haría un ser humano con los conocimientos y el carácter que el escritor deja entrever que pueda tener el personaje. Y, lo más importante de todo, el personaje central, el protagonista (y, si es posible, los demás también) debe cambiar en algo como consecuencia de aquello que le ocurre. Todos sabemos que la vida nos va cambiando poco o mucho y no sería verosímil que un personaje pase por un montón de aventuras y no evolucione.


En realidad, demasiadas historias de ciencia ficción tienen poco prestigio literario o narrativo debido a que los personajes son de "cartón-piedra" y no reaccionan como cabría esperar lógicamente como consecuencia de todo lo que les ocurre. Piense por ejemplo en el Hans Solo de La guerra de las galaxias, el James Kirk de la primera Star Trek, o, para seguir con Harrison Ford, en las películas de Indiana Jones. Para ellos las aventuras no significan nada. Siguen siempre igual. No es creíble. Intente evitarlo.


Pero si, a veces, aceptamos personajes que no evolucionen, con toda seguridad es porque la trama de la historia resulta suficientemente interesante y mantiene la atención del lector o espectador. Las aventuras de Indiana Jones, Hans Solo o James Kirk son, por sí solas, lo bastante eficientes para mantener el interés de los que siguen la historia. Aquí se hace imprescindible un consejo: no lo cuente todo, deje que el lector siga intrigado por algo que le mueva a girar una hoja tras otra.  Aunque, eso sí, si complica la trama debe pensar que la narración ha de finalizar atando todos los cabos de forma que el lector no se sienta engañado.   Por otra parte no olvide nunca que algo de misterio es, a menudo, imprescindible: imagine la pobreza temática de la saga de La guerra de las galaxias sin la "Fuerza"...


En realidad para mantener la trama hacen falta conflictos. Los personajes deben tener problemas y la trama debería explicar cómo se plantean esos problemas, como los personajes buscan diversas soluciones y como se llega a la solución o, también, como los personajes fracasan en su intento. Los problemas o conflictos deben ser tanto grandes (el central en la narración) como pequeños (los que dan "vida" a la historia y mantienen la acción en movimiento). Suele ser conveniente que haya un clímax general que resuelva la historia, pero debe construirse a partir de pequeños climax parciales que resuelvan los problemas menores que van conduciendo la narración hasta la resolución (o el fracaso de ese intento...) del conflicto principal. Es evidente que todo esto depende mucho de la longitud de la narración y no se pueden dar recetas únicas. En cualquier caso, sí conviene destacar aquí que personajes distintos deben resolver de formas diferentes unos mismos conflictos o, para expresarlo aún con mayor claridad, a personajes diferentes, unos mismos hechos les deberían generar conflictos diferentes.


Un breve resumen provisional


Ya tenemos cinco elementos que pueden mantener el interés del lector. Hay varios más, pero éstos son los centrales en la gran mayoría de historias. Es lógico que en cada narración pueda dominar uno o más de esos factores. En las novelas de aventuras a menudo es la trama y los conflictos y los peligros a que se enfrentan los personajes el aspecto dominante y lo que mantiene el interés del lector. En los relatos cortos a menudo es una idea, mientras que en las narraciones más largas hay que organizar la historia central rodeada de otras historias menores que la complementen, siempre y cuando el lector no pueda encontrar gratuitas esas historias laterales y, además, encuentre fácil relacionarlas de forma natural con el hecho central de la novela.


Para sintetizarlo podríamos decir que:


  • La trama es lo que sucede.
  • El conflicto es la razón final de lo que sucede, el motor de la trama.
  • El entorno es el lugar y las circunstancias donde sucede la trama.
  • Los personajes son aquellos a los que les suceden las cosas que ocurren, y quienes evolucionan y cambian como consecuencia de lo que sucede.
  • La idea, si existe explícita como elemento central, es lo que ha movido al escritor pero, y esto es muy importante, debe ser mostrada de forma indirecta por medio de los otros elementos.


Conviene recordar que es imprescindible mantener la atención del lector mientras está leyendo y, también, después de haberlo hecho. El lector, cuando acaba de leer, debe pensar que le ha sido rentable el tiempo que ha otorgado a su narración. Puede haber pasado un buen rato con ella y considerarla un buen entretenimiento aunque haya sido intranscendente; o puede haber encontrado un interesante motivo de reflexión en una buena idea especulativa; o sentirse maravillado por un entorno extraño y sorprendente. Aunque no se debe olvidar que, muy a menudo, es el personaje central quien puede haber focalizado y mantenido el interés del lector y, por lo tanto, aquello que perviva en su recuerdo.


Inventar historias


Parece que el problema principal de los nuevos escritores es "encontrar las historias".  Graham Greene habló de la necesidad de que el narrador sea un buen observador y yo creo que esto también vale para los escritores de ciencia ficción: exagere algún rasgo de una tendencia social, tecnológica o económica observable, ponga a un determinado personaje en un entorno extraño o en una situación imprevista, invente lo que ocurriría si..., etc.  


De hecho, tras años y años de ciencia ficción, la mayor parte de las historias que pueda inventar es muy posible que ya hayan sido narradas.

 

Si es de aquellos (o aquellas) que saben explicar chistes, o de esos que cuando cuentan una película a los amigos logran que éstos se sientan como si la estuvieran viendo, todo irá bien. Si eso le ocurre, la verdad es que ya sabe explicar historias que es de lo que se trata cuando se escribe narrativa como en el caso de la ciencia ficción que aquí nos ocupa. Si no es un "narrador natural", a practicar, escriba.

 

Miquel Barceló