El uso del guión en los diálogos.

Normalmente los diálogos se introducen mediante dos grandes formas

ESTILO DIRECTO:
   - Se reproducen literalmente las palabras de los hablantes tal y como han sido pronunciadas.
   - Cada intervención va en renglón aparte.
   - Cada intervención se abre con un guión
     o con el nombre del interlocutor, y se suelen usar las comillas ("....").
   - Las intervenciones del narrador se ponen entre guiones utilizando verbos como:  exclamó, dijo, respondió.
 

 

ESTILO INDIRECTO:
   - Un narrador nos cuenta con sus palabras la conversación mantenida entre los interlocutores..
   - La oración depende de verbos      como: dijo, preguntó, contestó; seguidos por la conjunción que.
   - No se utilizan comillas.




 

 

El guión (-) sirve generalmente para indicar tanto las intervenciones o parlamentos de los personajes (guiones de diálogo) como los incisos del narrador. En el primer caso, el guión va pegado a la inicial de la palabra con la que comienza el parlamento, con la sangría de la primera línea del párrafo (es decir, texto «entrado»). En el segundo caso, va precedido de un espacio cuando comienza el inciso, y seguido de espacio cuando termina (este último guión sólo se emplea cuando el inciso está dentro del parlamento; cuando está situado al final nunca debe cerrarse: véase, más adelante, el punto 1.9).

 

Estos diez ejemplos recogen sus usos más frecuentes:


-He descubierto que tengo cabeza y estoy empezando a leer. [1]


-Oh, gracias. Muchas gracias por sus palabras -murmuró Jacqueline. [2]


-Somos muchos de familia -terció Agostino- y trabajamos todos. [3]


-Seguro que, a la larga -replicó Carlota con decisión-, todo se arreglará. [4]


-¡Sophie, vuelve! -insistía Stingo-. He de hablar contigo ahora mismo. [5]


-¿Y tú qué entiendes de eso? -saltó Stephen-. No has leído un verso en tu vida. [6]


-Con lo que me hubiera gustado escribir... -susurró-. Poesía. Ensayo. Una buena novela. [7]


-Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos -se levantó, al tiempo que se miraba las manos-. Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura. [8]


-Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos. -Se levantó, al tiempo que se miraba las manos-. Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura. [8 bis]


-Sí, amigo mío, me asombra tu valentía -dijo ella con aplomo. Y tras una breve pausa, añadió-: Admiro de veras tu sangre fría. [9]


-Ya sé en qué está pensando -dijo la propietaria-: en el color rojo. Todos hacen lo mismo. [10]

 

Luis López Nieves.